
A veces los temas más importantes no hacen ruido. No son trending topic ni llenan titulares, pero
definen la vida cotidiana de las personas. Hoy quiero hablar de uno de ellos: la falta de alumbrado
público en sectores urbanos habitados y concurridos.
El problema está claro: hay calles en nuestra ciudad que siguen sin iluminación adecuada. Lugares
donde viven vecinos, donde se generan actividades comunitarias, donde se camina, se estaciona, se
socializa. Pero por la noche, la oscuridad lo cubre todo. Esto genera una doble vulnerabilidad: para la
seguridad de las personas y para la prevención de delitos.
La causa es tan concreta como inaceptable: la falta de inversión en infraestructura básica. No hay
excusa posible cuando hablamos de un servicio esencial como el alumbrado público. En zonas
densamente habitadas o con alto tránsito de personas, no puede haber oscuridad.
No atender este problema significa seguir empujando a muchos vecinos a vivir en la incertidumbre, el
miedo o la incomodidad. Significa también seguir permitiendo que la infraestructura urbana sea
desigual, dependiendo del barrio o la calle. No podemos naturalizar que haya zonas “olvidadas”.
Lo que sería bueno que ocurra es tan sencillo como potente: que se realice de manera urgente el
tendido de alumbrado público en las calles aún sin servicio, priorizando aquellas que, como Florencio
Catrihuala, están rodeadas de instituciones activas y grupos familiares que las usan constantemente.
Iluminar una calle es proteger a quien la transita, pero también dignificar a quien la habita.
Por eso presenté una propuesta para que se realice el tendido de alumbrado público en la calle
Florencio Catrihuala. Esta propuesta la presenté como concejal mediante el expediente BR-03 en el
Honorable Concejo Deliberante. Porque no hay comunidad segura sin calles bien iluminadas. Y no hay
política útil sin respuesta concreta a las necesidades de la gente.